Volvieron las nubes a prepararse para 
verter sobre la ciudad su agua infinita, 
su deliciosa frescura.
Su inagotable fuente de 
sueños cayendo desde la altura.
 

No es el sueño que espera 
una multitud de niños correteando 
por las calles entre piedras y
hierros retorcidos.

Mientras miro en el espejo la 
piel asomarse entre mis cabellos,
cada vez mas piel, 
cada vez mas silencio en el aire 
que me envuelve perturbado de palabras.

Y los niños perdidos entre hierros retorcidos, 
jugando con ojos lloroso en la antigua Siria desfigurada.
Cuál es la respuesta certera?
Quiénes sangran por la miserable decisión que
Magog impone.
Ellos no viven de sueños de éxito, 

ni mastican su devenir detrás de una pantalla de litio.

Ese es el sueño de Magog y 
su equipo, 
no el sueño de una niña que 
busca entre escombros a 
su perro perdido, a su hermana,
a su madre que llora.

Qué podemos esperar de este equipo que 
Magog prepara desde hace un siglo?
Qué corazón de piedra sangra por el llanto de esa niña? 
Me pregunto en el espejo, sin pensar que hoy cumplo años.
Sin volver a Rimbaud, a Baudelaire, a Verlain o a Merton,
Mis ojos se agrietan y enrojecen,
y el agua sobre el iris en la madrugada desierta de abril.


Afuera la lluvia cae.
Una niña llora entre los escombros 

en la Siria desierta esta madrugada de abril
en que cumplo años.

abril 2017

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