Me dejer ir por la corriente

Me deje ir por la corriente
que no tiene noche
ni tiene día.
 

Me dejé ir nada más.

Porque antepongo las
noches a los días
en cada crepúsculo
mientras se secan
de lágrimas las estrellas.

Y con ellas
mi alma llora en silencio al
amor que no conquista,
asediada.

Me dejé ir por la
ría infrecuente a
navegar dolente en
la ciudad desierta.

Y su luz matinal,
impávidamente cálida
me devuelva al amor perdido
entre el ruido diurno y
la queja doliente.

¿Cuándo me dejaré ir
más allá de
esta playa sórdida a
saludar la venida del
trabajo nuevo como
dijo el poeta
de azules ojos fríos
en un pueblito perdido
de la campiña francesa

¿Cuándo me dejaré ir
acompañando
de figura y
de mano blanca
dulzura en sus labios
que quiera conocer en
su alma y
una sola
con la mía al amado
hijo del cielo?
-invierno 2017-

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