II Mis labios resecos por el sol inextinguible, me recuerdan el misterio que yace en el susurro verbal que el viento arrorja Cuando la atención flota en dirección desigual, Pero la suave caricia me recorre el cuerpo lento para intergarme al paisaje desierto como una vestidura pronta a mudar. Olvidando los pliegues, mis brazos se alzan buscando un cuerpo nuevo. Afable en sus maneras y que el agua de su boca encuentre la mía. Pero, no es la misma sed que nos impulsa a cambiar de duna? y ese intensa intensa e inextinguibole luz bañandonos el cuerpo, secándonos de a poco lo que es de otro tiempo Cuando todavía deambulamobamos sobre el empedrado lustroso y me hierve la sangre, y me arde en el pecho y detalla tu figura inquieta allí en la duna conmoviendo a los magos. 2001/2002